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5 de abril de 2017

TRIBUNO ROMANO DEL S.II A.C.



          Una de la característica del ejército romano frente a los modernos fue el escaso número de oficiales en relación a los soldados que conformaban una legión. Un general en jefe, que normalmente seria cónsul o pretor, y un cuestor que para mandar sobre unos 5.000 hombres era ayudado por seis tribunos militares. A simple vista destaca la incapacidad de tan reducido número de oficiales para dirigir a sus tropas por lo que gran parte de la historiografía moderna vuelca toda la responsabilidad de la cadena de mando en los suboficiales: centuriones, decuriones.
         De hecho para muchos jóvenes de familias nobles y ecuestres, el tribunado militar sería el primer paso en su cursus honorum. Por lo que para muchos la carrera militar sería una fase más en su vida política más que una verdadera profesión de armas. Aunque para algunos como Cayo Mario, el tribunado fue una recompensa por su valía y fama con las armas, lo habitual era que jóvenes inexpertos asumiesen este mando y luciesen orgullos en su cintura la cinta purpura y el paludamentum sobre sus hombros...

Según Polibio están eran las formas de formarse para el tribunado militar, tan válida una como otra:
Tres son las maneras por la que los que ambicionan llegar a generales pueden intentarlo razonablemente: la primera, por la Historia y por lo conocimientos que ella proporciona, en segundo lugar por un método y la enseñanza de hombres experimentados y en tercero, por la experiencia práctica en los asuntos bélicos
En esta ilustración de Ángel García Pinto para Desperta Ferro, basada en el Altar de Domicio Ahenobarbo (+-122-115 a.C.), podemos observar la panoplia de un tribuno de finales del S. II a.C. que perfectamente sería similar a la que luciría nuestro protagonista en los campos de batalla de Numancia y África.
Detalle del Altar de Domicio Ahenobarbo, Con el tribuno al lado del altar. Wikicommons
          El casco es un ejemplar del Apulo-Corintio de influencia helénica pero que los romanos transformaron totalmente. El modelo corintio original las cavidades oculares tenían un claro sentido práctico ya que este casco protegía la cara pero en los combates en orden abierto que practicaban los romanos esta protección se convertía en un inconveniente al reducir la visión. Por lo que en búsqueda de la practicidad los ojos y protección nasales quedaron como mero elemento decorativo y de prestigio.
       
Casco tipo Apulo-Corintio con soporte para cresta
 
El tribuno optó por una coraza de bronce con dos refuerzos para los hombros realizados en lino, para ser más exacto varias capas de este material encoladas. Para proteger la entrepierna y los muslos el tribuno está equipado con pteruges, dos tiras de flecos de cuero. Destaca en primer plano un escudo del tipo aspis griego que popularizaron los hoplitas y que en Roma solo era empleado por los oficiales como símbolo de status, ya que lo griego estaba de moda por aquellos tiempos.
         Si os fijáis en su cadera izquierda pende sujeto con una correa (cinctorium) un puñal con una bella empuñadura con cabeza de águila. Su nombre es parazonio, parazonium, que era el puñal símbolo de rango tanto en Roma como en Grecia. El uso de este arma era simbólico, en el sentido de que era una señal de rango y se utilizaba para reunir a las tropas. Según cuentan los relatos el oficial cambiaba su puñal por una gladius o una spatha cuando se sentía realmente amenazado durante una batalla, ya que su hoja de solo 38 y 46 cm lo hacía ineficaz en combate.
Ilustración de MittlererWeg de un Parazonio

“Tribuno romano del S.II a.C.” Francisco García Campa – Bellumartis Historia Militar

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